DIABLERO: Maratonear producto mexicano en el mes del horror gringo
Se acerca Octubre y ¿quieres ponerte a tono maratoneando algo paranormal, con monstruos, que tenga comedia, pero sin tanto gore como Ash vs Evil Dead y que no tenga tantos episodios?, porque al chile en cuarentena ya te echaste las 15 temporadas de Supernatural y todo American Horror Story, y además quieres que sea algo muy mexicano, pero que no tengas que contratar Blim para verlo; aquí te va la solución...
Y es que en su gustada sección Hablo de series o películas basadas en libros e intento analizarlas (nombre sujeto a cambios), toca que hablemos de Diablero.
¿El orden de los factores altera el producto?, pues más o menos, aun me gusta Diablero después de haber leído el origen, y a continuación diré porqué.

Así como Mary Shelley, Lord Byron, Percy Shelly y Polidori, hace poco más de doscientos años se juntaron con unas coquitas bien frías y unas maruchans victorianas, para hablar de sus temores más profundos y disertar sobre la naturaleza de la maldad humana y con ello escribir las más grandes obras de horror “Frankenstein” y “El Vampiro”; así Francisco Haghenbeck, Edgar Clement y Francisco Ruiz Velasco hicieron lo propio en Monterrey, y una noche de copas y compas surgió la iniciativa cazadores de demonios que pelean clandestinamente en lugares de muy mala muerte.


Diablero es una serie lanzada en 2018 por Netflix que en su primera temporada contó con 8 episodios en la que nuestro personaje principal Elvis Infante (sí, por los dos ídolos musicales) un Diablero o como la experiencia gringa nos ha acostumbrado a llamarle “cazador de demonios” tiene que dar con el paradero de una niña que ha sido secuestrada por un demonio alado y que con ayuda de su hermana al que se le niega el título de Diablera, una jaula humana de demonios y un padrecito tienen que desentrañar el misterio detrás del secuestro.

El elenco está conformado por el ex RBD Christopher von Ukermann (el gancho millenial), Gisselle Kuri, ex mini villana del Divan de Valentina (el gancho del público youtuber), Horacio Garcia Rojas quien encarna a nuestro héroe Elvis a quien conocemos por películas como La Carga, o La 4° compañía; le acompañan Fátima Molina, Dolores Heredia, Humberto Busto y Flavio Medina.
En el invierno del 2018, mi sobrino y yo estábamos picadísimos con ésta serie que llamó mi atención por una publicación en FB donde después de ver el trailer en muchos comentarios se le comparaba con Supernatural, pero obviamente región cuatro, la comparación era natural, pues hasta se nos presentaba a un íconico Chevrolet Impala 67 apodado El Perro, o al menos es lo que mi ojo nada especializado pensaba, hasta que me sacaron del error al decirme que El Perro es un poderosísimo Ford Galaxy; y nos mostraban a un grupo de desadaptados que van a cazar demonios; siendo público devorador de producto gringo rápido haces la conexiones y comparaciones, pero decidí deshacerme del prejuicio y darle una oportunidad fangirl, por eso embarqué a mi sobrino que rápido se enganchó.
Hay que destacar varios puntos, primero que el maravilloso intro de la serie está ambientado en la poderosísima ciudad de México (sí aunque sea de los cuatitos de provincia, hay que reconocerle que es poderosilla, pero no se vuelen) con todo su folklore y personajes, por primera vez la fotografía le hace justicia y no se ve “amarillo narco” como en la producciones gringas, se ve como una ciudad que tiene de todo y para acompañar la musicaliza, Futuro de Café Tacvba, ya ahí vamos empezando bien; para continuar, hay que reconocerle que va formando su propia mitología, los monstruos a los que se enfrentan son muy de origen, pues en lugar de cazar una aparición cualquiera, los escritores decidieron tomar la mitología y el panteon mexica para nutrir el desarrollo de la historia. Y el punto que siento que lo hace un producto novedoso y muy diferente y que yo personalmente aplaudo, es que los hechizos que usan para protegerse, detener el mal u obtener alguna información son dichos en NAHUATL (mezclado con un poco de latín, pero se destaca el uso de la lengua indígena) así es, así que además de escuchar las groserías mexicanas y los modismos con los que habla alguien de México, debes parar muy bien la oreja para cachar todas esas palabras en lengua indígena y que hace que el producto sea mucho más propio, además se escucha muy poderoso cuando hacen la letanía en Nahuatl, se escucha diferente y melódico, además de que se escucha ancestral.
Son 8 capítulos que se van como agua y que aunque se quedan algunas piezas sueltas, son un buen comienzo para el desarrollo de algo que bien pudiera durar más de 3 temporadas, y que aún en su segunda temporada con sólo 6 episodios se sigue quedando corta, pues con todo lo anterior se puede ver que es un producto que da mucho jugo.
Con todo y que muchos se quejaron de los efectos, que cabe destacar que para ser una primera temporada están muy bien hechos, porque admitámoslo ni Supernatural en sus 15 temporadas y su televisora de millones que los distribuye, ha podido lograr efectos más decentes, y sí, hablo como seguidora de la serie, nos hemos reído varias veces por el montaje de algunas escenas y ya llevan 15 años en el negocio.
Otra de las quejas es que no explican todo, que dejan cabos sueltos, y pues sí, es imposible desarrollar en 8 capítulos algo que obvio es una mitología que desarrollar como en Supernatural, Lost o The X Files. Puedo decir que es un muy buen inicio y da paso a este tipo de series de género en nuestro país, que son muy poco abordadas y que en su haber hay las mismas que los dedos de una mano, y habría que incentivar una tercera temporada y más, porque, público tiene, y no sólo en México, hay fanbase en España, en Brasil se habla de ella y hasta en Tumblr (el paraíso fangirl) hay unas cuantas publicaciones dedicadas a la serie.
Y ahora, aviso que desde aquí vamos a hablar poquito del libro y la novela gráfica y por supuesto habrá spoilers, así que si no te quieres enterar 🎶🎶🎶 yei yei 🎶🎶🎶 hasta aquí nos leemos y corre a maratoenear Diablero.
Hola extraño, es curioso que sigas aquí, déjame te digo que la frase que resume ésta sección es “pero así no va en (libro o serie, lo que hayas consumido primero)” y es que la novela y más la novela gráfica es completamente diferente a lo que se nos presenta en la serie; pero hay que recordar que todo lo que se hace como producto visual tiene que ser atractivo a todo público y se tiene que ir a tientas para ver qué tanto el público lo puede aceptar (sí, ya me siento como madre alcahueta solapando todo) por ello nunca va a ser como lo vimos en el original.

Dicho lo anterior, en la novela nos presentan a un Elvis Infante chicano ex marin cuyos conocimientos de Diablero se le fueron otorgados por un colega que le vio potencial, a diferencia de la serie, pues ahí, la tradición y el conocimiento se pasa de padre a hijo; en la novela las letanías son dichas en latín, como los clásicos exorcismos que hemos visto en televisión o películas que la iglesia practica, lo místico está en que el mal existe; los personajes que conocemos en la serie son mezclas de personajes en la novela (porque no podemos decir Tecate sin pagar la mención), las conexiones no son las mismas y el conflicto no es igual; la esencia está en que la iglesia siempre ha estado involucrada en el tráfico y uso de los demonios que se cazan, hay burocracia y las altas esferas se aprovechan de ello.
En la novela la forma en la que se describen los hechos que involucran a Elvis Infante son crudos y oscuros, hay sangre y pedacería, hay deshecho y el tufo del infierno te sopla en la nuca, se siente la incertidumbre al transitar un barrio chicano en Los Angeles, el estómago se llena de la ansiedad del padrecito por no ser descubierto en sus movidas y en sus pecados, se habla de mujeres que trabajan tragándose los demonios para que luego se los exorcicen y ganarse unos dólares para sobrevivir, se puede apreciar cómo la vida no es color de rosa para nadie, ni para quién barre el mal; los traumas de guerra, infancia y pérdidas personales endurecen al dicharachero Elvis quien a pesar de experimentar en pellejo propio el horror no se vence.

Si en El diablo me obligó la narrativa es cruda, en Operación Bolívar lo es en los gráficos, los trazos bruscos, muy al estilo noir, y la ambientación barroca, cargada de información en cada cuadro expande éste universo en el que los ángeles existen también, pero no son para nada, niños envueltos en pañales andando por ahí con sus blancas y esponjosas alas, son seres poderosos ansiosos de poder, corruptos y que trabajan para su propio interés, en donde los cazadores de criaturas no son más que peones en el ajedrez de la dominación, aquí todo se ambienta en la ciudad de México, una en la que en cada esquina hay puestos de taquitos de querubim, una en donde la corrupción comercia seres celestiales y que aún así se vive al día, y la gracia está en que como quiera el mexicano chingón logra salvarse, sin saber si habrá un mañana, aquí a diferencia de la novela sí se hace uso un poco de la mitología y estética mexica y es que como ya se ha mencionado Clement, usa el motivo mexicano en sus trabajos.
Así que aunque increíble de creer, Diablero es la mezcla de estos dos productos, pero bastante rebajada con agua mineral y coca, lo que podría ser un mezcal rasposo y directo que cala, termina siendo una cuba libre, pero como ya lo he explicado, sus méritos tiene y aún así gusta; ¿merece volverse violenta y cruda como en el original?, yo diría que sí, pero no se puede correr el maratón sin antes caminar; así que a paso paulatino es como se puede lograr que Hutzilopochtli despierte e imponga la grandeza de Tenochtitlan.
Mientras tanto como buena fangirl, iré a twitter a pedirle al tío Netflix una tercera temporada de Diablero, porque esto tiene FUTURO.


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