ANCESTRAL
NOTAS: ¡REGRESÉ EN FORMA DE FANFIC!, despúes de dejar abandonado éste blog, regreso para compartir un fanfic que me llevó mucho tiempo escribir, sobre todo por la maldita procrastinación, pero lo terminé el año pasado en Octubre y todavía ayer hice unas correcciones y creo que es justo y necesario que vea la luz, porque une un buen de cosas que me gustan que no diré, primero para no spoilear y segundo porque espero vayan descubriendo tras su lectura, déjame saber qué piensas en comentarios o si tienes preguntas ;)
Las reuniones sociales que más gozaba eran las que incluían conciertos de orquesta, ópera, ballet o galerias de arte, el círculo exclusivo en el que se permitía moverse con más tranquilidad y soltura lo aclamaba por su erudición, elocuencia, encanto, elegancia y buen gusto y aunque con modestia aceptaba los halagos, en lo interno lo disfrutaba sobremanera. Cuando una obra le conmovía al grado de llevarlo al éxtasis de la alegría o al abismo de la tristeza por lo magistralmente ejecutada, el virtuoso en cuestión se ganaba su admiración y respeto, y a decir verdad muy pocos se encontraban en esa escondida habitación de su palacio mental, él mismo practicaba algunas artes por lo que se consideraba sensible a la belleza.
Los grandes bacanales que ofrecía a su círculo selecto y a algunos dignos ejecutores de arte eran celebrados y comentados por días, era un anfitrión sobresaliente que se jactaba de deleitar a sus invitados con los manjares más elegantes y deliciosos, cuya elaboración la realizaba el mismo o bajo su estricta supervisión. Su casa abrazaba a sus invitados seduciendo sus sentidos, desde la pulcra y elegante vista que ofrecía su hogar, su apariencia y sus festines, ambientados por las selectas melodías que los músicos virtuosamente tocaban, los elegantes y placenteros aromas invitaban a todos a satisfacer sus lenguas con la ambrosía que ofrecía; a Hannibal Lecter le complacía consentir los sentidos de sus invitados.
El día que decidió ofrecer un banquete para su círculo, lo haría después de una función de ballet un tanto peculiar, él siempre había sido amante de las obras clásicas; El lago de los cisnes, El pájaro de fuego, o Sueño de una noche de verano, eran sus predilectas, pero la gala de esa noche nada tenía que ver con los clásicos, estrictamente hablando, esa noche, la orquesta y el ballet no estaban compuestos por expertos exponentes con una larga carrera, si no por jóvenes que se preparaban para iniciarla, en un intento por demostrar y practicar para sus próximas audiciones en el instituto cuyas vacantes eran codiciadas por quien quisiera sobresalir.
La idea de presentarse a un espectáculo, no un arte, expuesto por neófitos no era de su agrado, pero sabía que no podía hacerle la grosería de no presentarse a Vivian Vega, pues había sido quien lo había invitado, quizá asistiría para no hacerle un desaire, pero si se requiriera se instalaría en una de las habitaciones de su palacio para pasar un rato más placentero.
El hombre fue cordial con la señora Vega, hablaron en el vestíbulo antes de subir a sus asientos a “disfrutar” de la función, los motivos por los que Vivian había insistido en que Hannibal la acompañara no habían sido revelados, pero el hombre sabía que la mujer algo pretendía, actuó inocente ante el tema, pensó que quizá pudo excusarse usando la organización del banquete póstumo como pretexto, pero le parecía descortés y la mujer no lo merecía; la charla fue casual y trivial, se mencionó el nombre de la obra, lo cual le pareció intrigante a Hannibal, “Xibalba” repitió para sus adentros, poco le decía, pero ni siquiera se molestó en leer el programa. Se instaló cómodamente en su lugar y como un niño comenzó a observar todo a su alrededor, había un aroma que le parecía embriagante, pero no lograba descifrar de dónde provenía, era un poco sacro, ancestral y maderoso, las luces del teatro descendieron y se preparó para escuchar los primeros acordes que daban inicio a la obra.
Pudo observar que la orquesta era un poco reducida, y el grupo de ballet aún más, los principales eran un hombre y una mujer, la historia tuvo el acierto de ser un poco como tragedia griega, la primera parte del primer acto se mostraba a la joven feliz pareja demostrándose amor, él la adoraba como una Diosa y ella le mostraba devoción, al principio en sus movimientos ella denotaba timidez e inocencia, que poco a poco se fue convirtiendo en pasión. Lecter contemplaba los movimientos de la bailarina, un tanto intrigado, había descartado la idea de retirarse a su palacio, la historia aunque le parecía simple lo mantenía cautivado por los movimientos, energía y desbordantes emociones que la bailarina exhibía, había elegancia en la fluidez de sus movimientos, pero también cierta fuerza melancólica.
En la segunda parte del acto, la muerte arrebataba el amor de los amantes, llevando a la mujer al inframundo, pronto los recuerdos de ella le hacían imposible la existencia a él con su ausencia, entonces fraguaba un plan para obtener el árbol de la vida, seguirla al inframundo y rescartarla del sueño eterno. Sin duda era una adaptación moderna del mito de Orfeo, con algunos tintes místicos, aunque la música era densa y bastante melancólica para las escenas finales, no reconoció ningún requiem clásico, por lo que supuso que era una composición moderna, que le pareció singular, pero lo más intrigante para él, era la danza de la bailarina, lo seducía y le conmovía, su asombro por momentos picaba en los ojos.
Al final ninguno de los dos salía del Xibalba y ella se convertía en una Diosa dadora de vida y su amado se volvía uno con ella, siendo la semilla del árbol de la vida en el inframundo. El teatro desbordó en aplausos con el último acorde y Hannibal también se deshizo en ellos, levantándose de su asiento para rendir tributo a los ejecutores, los bailarines salieron a hacer las reverencias y a agradecer, pero evidentemente el acto se lo había llevado ella.
Vivian al fin le explicó a Hannibal que la bailarina era su sobrina, y pensaba presumir sus talentos a Hannibal pues sabía cuánto respeto les profesaba a los artistas y esperaba que su sobrina pudiera ganar algo de su estima; el hombre estaba complacido pues con toda sinceridad podía confesarle a Vivian que su sobrina era sobresaliente, la mujer insistía en visitar a su sobrina en el camerino, pero Lecter se sentía un desconsiderado al llegar sin un presente para la joven, y expresarle su admiración, por lo que le propuso a la dama que llevará a su sobrina como invitada al banquete, y así poder honrarla como lo merecía, ella accedió y él en total aplomo salió del lugar para afinar los últimos detalles de la reunión.
La comida y los meseros estaban listos para cuando los invitados llegaran y aunque era una reunión íntima el enorme comedor estaba impecablemente adornado con flores que disfrazaban el frío clima del exterior, pues sus cálidos colores abrigaban la vista y su perfume era un bálsamo para los sentidos.
El lugar se fue llenando poco a poco, Hannibal era un excelente anfitrión, hacía que sus invitados se sintieran realmente acogidos, pero justo cuando se preguntaba porqué faltaba por llegar Vivian, para pasar de los aperitivos al banquete; el aroma que lo había embriagado en el teatro llenó de nuevo sus pulmones y fue cuando vio que la señora Vega estaba parada saludando a unas cuantas amistades, mientras que una tímida joven se encontraba detrás de ella, intentando pasar desapercibida.
Lecter miraba desde lejos, pronto se acercaría a Vivian para darle la bienvenida, mientras tanto la mujer presentó a su sobrina a los presentes como la talentosa bailarina que estaba en preparación para entrar a ese prestigioso instituto, detrás de ellas se encontraba un joven que al contrario de la chica parecía más abierto a los encuentros sociales, sintiéndose cómodo con la gente que le preguntaba su oficio, nombre y edad; su actitud era un poco arrogante pero encantadora para las damas.
Hannibal se acercó a Vivian Vega, en sus manos sostenía un hermoso arreglo floral lleno de dalias, tulipanes, crisantemos en tonos naranjas y unas cuantas marimonias color durazno, el arreglo era vistoso pero elegante, muy acorde a la época otoñal, Vivian supo que el presente era para su sobrina y de inmediato la jalo al frente de ella para que lo recibiera. Hannibal con el rostro sereno se lo ofreció a la joven y en unas cuantas palabras alabó su actuación, ésta aceptó tímidamente el presente y lo agradeció, sostuvo lo más que pudo la mirada con el hombre y cuando ya no pudo más la desvió hacía su tía, Hannibal no lo tomó como una grosería a cambio le dio espacio para que no se sintiera abrumada, pudo ver como los colores de las flores iluminaban el rostro de la joven como si se tratara de un sol, había vida y calidez en sus oscuros ojos.
-Hannibal, querido, qué amable y considerado de tu parte recibirnos así, déjame hacer las presentaciones apropiadas- dijo la mujer con una dulce voz.
-Arcadia Vega, mi sobrina, su madre es hermana de mi difunto esposo y ha venido a pasar unos días conmigo antes de marcharse a Nueva York a hacer sus audiciones- La joven le extendió la mano al hombre y Hannibal la tomó con una sonrisa serena y sin sorpresa.
-Mi tía lo tiene en alta estima señor, y me ha hablado mucho de usted, mucho gusto- aunque su voz parecía un susurró su voz era firme, aunque Hannibal tenía un oído perfecto se acercó un poco más a ella y pudo percibir que el aroma que lo había inquietado provenía de ella, antes de que pudiera decir algo, se vio interrumpido por el carraspeo del joven que se encontraba detrás de la bailarina, estaba consciente de su presencia, y a su debido momento le daría la atención necesaria, por lo que le pareció una grosería la interrupción, sin embargo no lo hizo notar en la cara, sólo desvió la mirada al muchacho.
-Soy Héctor Romero, autor de la composición que hoy se ha presentado y novio de Arcadia- declaró, adelantándose a tomar la mano de su anfitrión y sostenerla fuertemente, Hannibal sólo hizo una inclinación sin ahondar más en el tema, y llamó a todos los invitados al comedor, pues la cena estaba servida.
La velada fue afable, y el tema por su puesto fue la grandiosa puesta en escena, mientras Hector parecía alimentarse de la atención, Arcadia parecía más concentrada en lo verdaderamente importante, la comida, sonriendo discretamente cada vez que Héctor era alabado, pronto la conversación se volcó hacia los dotes de la bailariana quien asentía orgullosa, no es que fuera modesta, conocía perfectamente sus habilidades, pero estaba conciente que no podía dormirse en sus laureles, pues realmente no tenía una carrera consolidada y para ello el camino era largo. A Héctor parecía molestarle un poco que no se elevara su composición de la forma en la que lo hacían con Arcadia, después de todo la obra era un conjunto que no podría funcionar el uno sin el otro.
Pronto descubriría que haberle compartido a Vivian que Arcadia además de haber sido fuente de inspiración fue en parte creadora de la composición de la mítica obra, había sido un error, pues el secreto pronto se vio revelado ante algunos invitados, provocando más revuelo en torno a la chica. Se sentía un tanto humillado, pero no hizo más que dejarlo pasar sin que se notara su orgullo herido.
El banquete llegó a su final y cada comensal se deshizo en agradecimientos al anfitrión, Hannibal con su aura inamovible sólo asentía.
Arcadia no pudo quedarse a agradecer del todo, pues Héctor aprovechó que su tía estaba ocupada con el hombre para arrastrarla afuera y poner en claro algunos puntos, antes de encontrarse por completo a solas en casa de Vivian Vega.
-Tu tía se ha sobrepasado al revelar detalles que sólo eran para ella- dijo en un arrebato.
Arcadia se acomodaba el abrigo y lo miraba tranquilamente -Cálmate, sólo ha sido cotilleria, realmente no importa-
-A mi me importa, me humilló, sólo para hacer que quedaras bien frente a sus amistades- dijo elevando un poco más la voz.
Arcadia exhaló un poco exhausta -Lo que debería preocuparte son las audiciones que están próximas, no el halago o el rechazo de las amistades de mi tía.
Héctor sofocó su furia, pues Vivian salía de la casa para reunirse con ellos, así que no dijo más, pero la ira aún ardía en su interior, siempre había estado acostumbrado a ser el centro de atención, en el fondo se alegraba de que el otro bailarín estuviera indispuesto para acompañarlos a la cena, si no, él hubiera sido relegado a un tercer plano y eso hubiera sido peor.
Después de todo el alboroto de los invitados, la casa de Hannibal estaba sumida en un silencio y tranquilidad que de vez en cuando se alteraba por alguna ráfaga despistada de aire, Hannibal estaba satisfecho con el banquete que había ofrecido, se tomó un momento para suspirar y guardar algunos recuerdos en su palacio, pronto se dio cuenta que su casa estaba inundada de ese aroma maderoso y desconocido, no fue desagradable, sólo le inquietaba el misterio que lo envolvía, estaba acostumbrado a conocerlo todo y ese aroma no le evocaba ninguna memoria con la que lo pudiera asociar, excepto claro el sol sobre Xibalba y la fluidez de los movimientos de aquella bailarina.
Los pocos días que faltaban para ir a Nueva York a enfrentar su destino los pasaban acompañando a la tía Vivian a encuentros sociales, pero por la noche Arcadia escapaba a ensayar, podría haberse quedado a descansar y olvidar por unos días la presión, pero los halagos que escuchaba durante el día sólo la motivaban a practicar más, estaba totalmente enfocada en su meta, no sólo había que hacerlo bien para entrar a ese instituto, de ser excepcional dependía todo.
Además de que la presencia de Hector le sofocaba y necesitaba estar sola, si bien lo quería, no lo amaba, aunque se sentía comprometida a quedarse a su lado al darle la oportunidad de mostrar un poco de sus raíces en la composición que serviría para la audición de ambos; él había sido insistente en estar a su lado, ella simplemente no lo rechazó, pero tampoco lo alentó, no estaba interesada en algo romántico, no lo veía como un amante, cómo él se empecinaba, apreciaba su compañía, pero a veces se sentía asfixiada, esperaba que él se centrara en su oficio y la olvidara eventualmente.
Una tarde después de una comida con los amigos de la señora Vega, aunque se encontraba cansada, Arcadia se alistaba para salir a ensayar, Héctor insistía en que se quedara con él, hacía días que no había intimidad entre ellos y pronto ya no habría más oportunidad, ella se negaba, alegaba que no era el lugar y no estaba de humor o estaba cansada, Héctor enojado le echaba en cara que aún en ese estado prefería ir a ensayar.
Arcadia se preguntaba por qué Héctor no estaba preocupado por las audiciones, no quería cuestionarlo y no quería entrar en una discusión sin sentido sobre las prioridades de cada uno, ya la habían tenido un sin fin de veces y ella siempre terminaba consolándolo, haciendo a un lado sus necesidades, pero ahora no había tiempo y estaba decidida a seguir sus planes. Se limitó a mirarlo tranquilamente y despedirse de él con un beso en la mejilla.
Una vez más Héctor se sintió menospreciado, la tranquila actitud de Arcadia le exasperaba y ni siquiera sabía porqué, a decir verdad, sí lo sabía, y eso sólo hizo que su enojo aumentara, después de un rato decidió salir, fumar afuera lo calmaría o quizás caminar o conducir, alejarse un poco le haría bien.
El cúmulo de emociones que no había podido expresarle a Héctor o que se habían quedado atascadas en su interior, fueron soltadas en ese ensayo, había potencia en sus movimientos, sus giros fluían con delicadeza y elegancia pero tenían la fuerza de un torbellino, el sudor le escurría mandando calosfríos a la piel una vez que entraba en contacto con el aire. Al final de su ensayo se sentía agotada pero satisfecha, sabía que no debía sobrepasarse así que por más que la adrenalina se lo demandara tenía que regresar a su casa y descansar.
No planeaba molestar a su tía, pero era tarde, hacía frío y caía un poco de lluvia, y no quería recurrir a Héctor, así que la llamó para pedirle que la recogiera, tardaría un poco pues se encontraba con Hannibal en una cena, así que esperó en la oscuridad, pues no había nadie más que ella.
Ya no estaba acalorada por el ensayo, pero el sueño comenzaba a invadirla, ni la brisa que era fresca podía lograr que sus ojos se mantuvieran abiertos, estaba cansada y no quería que su tía la encontrara dormida, decidió salir a la lluvia que era ligera para refrescarse y quitarse la pegajosidad del sudor y el sueño de la cabeza, afuera podría darse cuenta si su tía llegaba y le evitaría que tuviera que bajar del auto; así que salió al callejón y dejó que las pequeñas gotas le mojaran la cara, cerró los ojos por un instante, cuando los abrió vio una luz acercarse a ella, bastaron unos segundos para darse cuenta que se trataba de un carro descontrolado el que se acercaba peligrosamente a ella, no hubo tiempo de evitar un impacto que la hizo volar sobre el auto y estrellarse contra el asfalto, sentía dolor por todos lados mientras vio como se alejaba aquel coche, y luego todo se fundió en negros.
El despertar fue doloroso y no sólo porque su pierna se había fracturado en cinco partes, su muñeca también estaba fracturada, dos costillas rotas, si no por lo que todo eso implicaba; cuando abrió los ojos pudo reconocer primero a Hannibal, quien en su estado inmutable sólo asintió con la cabeza y volteó hacia su tía que parecía más angustiada y llorosa y que de inmediato se acercó a ella para tomar su mano, no hubo palabras, sería un desperdicio ante la obviedad de los hechos, Arcadia sólo intentaba respirar con dificultad, sentía un enorme nudo en la garganta, y sostuvo todo lo que pudo las lágrimas, no quería derrumbarse en frente de todos, no dijo nada, sólo se quedó mirando al vacío por un largo rato, ni siquiera reaccionó a los besos de Héctor; dentro de todo ese caos de emociones decidió mirar el rostro de Hannibal quien le proveía la tranquilidad para apaciguar el mar que sentía dentro, había más que enojo, Hannibal podía escuchar el martilleante corazón de la muchacha y podía oler el maderoso olor que provenía de ella y que ahora se sentía amargo. Lo más sensato que pudo hacer fue quedarse callado y no acercarse a consolarla, lo consideraba infantil y sin sentido.
Después de un largo rato se despidió de Vivan abrazándola pues era la que se veía más afectada, Arcadia estaba regia, como si nada, su magullado rostro había dejado atrás la inocencia, para albergar seriedad, no se podía leer que escondían esos ojos negros que una vez brillaron.
El deseo de que Héctor se centrara en sus metas se cumplió cuando se despidió de ella para ir a las ansiadas audiciones, pues pese a todo él no podía perderse, ella no dijo nada, porque no esperaba nada de él, ni siquiera porque alguna vez le juró lealtad; su tía parecía indignada al respecto pero no dijo nada al ver que su sobrina no podía importarle menos.
Aunque Arcadia se recuperaba satisfactoriamente no era fácil la terapia física, nunca se la hizo difícil a su tía, hacía lo que le pedía, pero ya no hablaba, salía y mucho menos recibía visitas, no había forma de que su madre estuviera con ella o regresara a casa; y Vivian estaba preocupada, no lo sentía como una carga pero le preocupaba el estado de su sobrina.
-Tienes que ayudarla Hannibal, no sé qué hacer y no se me ocurre otra cosa más que tú la trates, sé que esto compromete de cierta forma tu profesión, pero no confío en otro más que en ti y sé que ella no aceptará ver a nadie más- dijo totalmente angustiada Vivian ante un sereno Hannibal.
-Si crees que puedo ayudar, lo haré, no me negaré, haré un espacio para ella mañana a las 6- respondió tranquilamente y la señora Vega sonrió esperanzada.
Cuando Arcadia llegó, su sombrío rostro recorrió el despacho del doctor, lo saludó sin muchas ganas pero no fue descortés sólo se quedó mirándolo sin hablar, su mirada parecía perdida y aunque parecía que la chica sostenía la mirada del doctor no retándolo, más bien como si buscara algo en lo profundo de su ser, su mente parecía estar muy lejos de ahí, su rostro aún tenía algunos moretones, sus manos temblaban de vez en cuando y su pierna estaba rígida, su cadera parecía anclada al sillón, pero un poderoso aroma ancestral emanaba de ella, lo cuál hacía que Hannibal se distrajera al tratar de leerla.
Ella mojó sus labios como si quisiera decir algo, tragó saliva y Hannibal se levantó para servirle agua y dársela, ella agradeció el gesto y bebió para calmar su sed, cuando terminó estrecho el vaso contra sus manos con mucha fuerza y con decepción vio que no se rompió, suspiró y su respiración salió entrecortada, como los pequeños sollozos que hacen los niños pequeños después de llorar, Hannibal sacó su pañuelo y se acercó a ella para dárselo, sabía que no lo usaría pero necesitaba un pretexto para acercarse a ella y envolverse en ese embriagador aroma que tanto lo descolocaba.
Ella tomó el pañuelo y lo pasó por sus mejillas y sólo dejó que dos lágrimas fueran recolectadas por el pañuelo y después se lo devolvió.
-Toda mi vida he sido bailarina y ahora no sé qué hacer, me abruma no saberlo, ya dejé ir esos dones, sé que no van a volver, pero tengo que hacer algo y no sé qué, mis manos están inquietas y necesitan ocuparse en algo que no sea la música, por que entonces me llenaré de nostalgia y la puerta del dolor se abrirá de nuevo y entonces me entregaré a él y no regresaré- dijo tranquilamente fijando su mirada en la ventana por la que veía la nieve caer, a tiempo que apretaba sus temblorosas manos.
Hannibal la observó y en un acto no muy propio de él, tomo sus manos, y ella aún sin mirarlo las apretó para anclar su presencia a ese espacio y ese tiempo -Encontraremos algo en lo que puedas ocuparte- dijo Hannibal teniendo algo ya en mente.
El resto de la sesión, ella se quedó sentada viendo la nieve caer, escuchando el crepitar del fuego de la chimenea, mientras Hannibal la observaba repasando una y otra vez en su palacio mental aquella noche en que ella lo deleitó con sus dones, al menos para él quedaría guardado ahí.
-Me alegra que te veas de mejor color- dijo la tía Vivian mientras cepillaba el cabello de Arcadia -Hanni… El Doctor Lecter se ha ofrecido enseñarte a cocinar, me ha propuesto que te lleve mañana a su casa para empezar las lecciones y yo me he atrevido a decirle que sí, me parece maravilloso, él es un prodigio en el arte culinario y sé que será buen maestro, y te ayudará a tu recuperación- Vivian parecía emocionada con la idea, Arcadia la miraba por el reflejo del espejo asintiendo solamente.
Hubo un pequeño momento en el que Hannibal pensó que lo que estaba haciendo traspasaba las barreras de la relación Doctor-Paciente, pero después de oler el pañuelo usado por Arcadia y llenar sus sentidos con ese aroma que permaneció por días en la prenda no pudo más que dejarse llevar por su curiosidad, poniéndose como mentor de la chica para observarla más de cerca.
La bailarina llegó a casa del doctor sola, su tía la dejó en la puerta y se retiró a terminar todos sus pendientes, no sin antes días previos a la cita colmar de agradecimientos a Hannibal por lo que hacía por su sobrina.
Hannibal le abrió las puertas en un atuendo mucho más cómodo y menos formal de como lo había visto antes, eso le sorprendió un poco pero no lo dejó ver en alguna reacción, sus oscuros ojos observaban la elegancia de la morada, lo saludó cortésmente extendiendo una vez más los agradecimientos de su tía, y al no ser una chica de muchas palabras calló después de la bienvenida, el aroma ancestral la acompañaba con fuerza y sólo hacía juego con lo profundo de sus ojos y lo rojo de sus labios, para Hannibal era como si estuviera ante la cálida presencia del fuego.
El doctor la hizo entrar y pronto comenzó a explicarle algunos detalles de la cocina y lo que harían, por qué creía que era bueno para ella y cómo eso le ayudaría a la ansiedad de sus manos que justo ya empezaban a moverse inquietas en sus costados.
Arcadia era buena escucha, preguntaba poco sobre las técnicas, pues las replicaba con facilidad pero se interesaba más cuando Hannibal contaba alguna historia alrededor del platillo. Después de la primera clase en la que sólo usaron un poco el cuchillo y el fuego, la casa de Hannibal se impregnó del aroma de la chica, lo cuál fue por completo de su agrado, pero al paso de la noche el aroma había desaparecido, por lo que pronto propuso otra sesión y así en lo sucesivo, sin quererlo se había vuelto adicto a ese aroma y parecía no tener suficiente de él.
La chica parecía más abierta y receptiva, la forma en la que se relacionaba con su tía era mejor, hablaba un poco más y empezaba a sonreír más, con Hannibal era curiosa pues había encontrado que le encantaba escucharlo hablar, le encantaba que vaciara su conocimiento en ella, mientras más lo escuchaba, más quería saber pues parecía tener un conocimiento infinito de las cosas.
En cierta lección de postres, mientras fundían cuidadosamente el chocolate, Arcadia no pudo evitar perderse en ese profundo mar negro sonriendo para sí misma, Hannibal no pudo evitar observarla con cuidado, sorprendiéndose por aquella reacción que no le había visto, Arcadia miró en su dirección, mientras movía cuidadosamente la mezcla.
-La maleabilidad del chocolate es exquisita, uno pensaría que sólo va bien con lo dulce, pero si logras mezclarlo con los ingredientes adecuados, puede ser maravilloso con lo salado- dijo mientras tomaba un poco con una cuchara y lo saboreaba, sonriendo como si eso le evocara un recuerdo.
-¿Qué clase de ingredientes?- preguntó curioso, pues en su experiencia culinaria jamás había experimentado con ello, las recetas francesas que llegaban a su memoria que no eran postres terminaban siendo dulces.
-Chile- sonrió Arcadia ante la expresión confusa de Hannibal.
-Tal vez un día, cuando me sienta más preparada pueda compartirle una receta que me enseñó mi abuela, es especial, porque es del lugar donde nací- dijo tranquilamente ocupándose de algunas otras labores que requerían su atención.
La forma en la que había hablado de ello hacía que Hannibal sintiera deseo de saborear aquello que para él era un misterio; constantemente le sorprendía la forma en la que ella hablaba con añoranza de su lugar, casi podía sentir añoranza él mismo, y le cautivaba la tranquilidad con la que le compartía deliberadamente algunos pedazos de información que para él eran desconocidos o jamás había reparado en ellos.
Después de otras tantas lecciones ambos prepararon un banquete para las amistades de Hannibal y Vivian y Arcadia sintió orgullo de sus crecientes dotes, sus manos había dejado de temblar sin sentido, y ahora tomaban con fuerza y determinación el cuchillo con el que en repetidas ocasiones por su torpeza y desesperación le habían cortado los dedos.
Las semanas pasaban y ella parecía encantada con esa nueva rutina y Hannibal también parecía complacido, en algún punto quiso abrir aquella puerta, sólo para saber cómo era y se sorprendió al ver que Arcadia no entraba en ella como lo había dicho en aquella lejana primera sesión terapéutica, por el contrario se volvió ansiosa del conocimiento y la habilidad de tocar el clavicordio, Lecter no estaba más que complacido.
Un frío jueves por la tarde, Hannibal recibió una amarga visita de un simple asegurador que se portó arrogante y maleducado, Hannibal lo soportó lo más que pudo, pero en el fondo sabía que sólo había una forma de corregir ese desagradable comportamiento, pues no era la primera vez que lo había visto comportarse así.
Lo acechó en la oscuridad y como un gato esperando al pequeño roedor, lo atrapó con facilidad, se deshizo de lo demás y lo llevó a la comodidad de su casa para poder sacar lo mejor de él.
Cuando parecía que todo estaba listo sus agudos sentidos lo alertaron de una presencia, sabía por el ritmo del corazón, la respiración agitada y sobre todo por el aroma de quién se trataba, no luchó por esconder algo, al contrario, cínicamente llamó a su invitada a salir de las sombras, no hubo titubeo en ello, pronto el rostro de Arcadia fue bañado con la luz de la cocina, sus profundos ojos lo observaban, Hannibal tenía un rostro estoico, el ritmo del corazón de la bailarina lo confundía pues sabía que la reacción que estaba teniendo no era la que esperaba.
-Buenas noches, lamento mucho venir a ésta hora y sin invitación, es sólo que quería traer una sorpresa y al ver la puerta abierta entré para resguardarme del frío- dijo ella con una total calma, restando toda importancia a lo que había visto.
-Se que los suyos son más finos, pero éste es una antigüedad exquisita- dijo sacando una caja negra con un pequeño moño dorado dotando de elegancia al paquete y se lo ofreció al hombre con una sonrisa.
-Como muestra de mi agradecimiento- murmuró mientras él tomaba en sus manos el obsequio, que se dispuso a abrir.
Un fino y afilado cuchillo negro resplandeció en sus ojos, lo tomó en sus manos y lo sintió ligero.
-Es de obsidiana, es ceremonial, se usaba en los sacrificios aztecas- dijo Arcadia observando con detenimiento el cuchillo, por un momento su aroma se avivó como el fuego y Hannibal sintió cómo un calor le quemaba al aspirarlo, sin ser desagradable.
-Es muy bello, muchas gracias- dijo asintiendo hacia la chica, quien parecía un poco expectante como si las palabras no le fueran suficientes, por lo que con cautela se acercó a ella y la estrechó entre sus brazos con todos sus sentidos alerta por cualquier reacción, ella sólo se acurrucó en su pecho sintiendose protegida.
-Podríamos usarlo ahora- murmuró ella mientras él sentía su corazón acompasado.
-Podría enseñarme cómo desollar- agregó ella estrechándolo más.
Hannibal se separó un poco para levantarle la barbilla y mirarle los ojos, y sólo se pudo perder en su profundidad, asintiendo a sus peticiones.
Arcadia había aprendido a tocar el piano, sus visitas a casa del Doctor Lecter no habían dejado de ocurrir, su tía parecía más que complacida y Hannibal se había acostumbrado a su presencia y dejó de cuestionarla, no sólo era la comodidad de la rutina lo que le deleitaba, la encontraba más interesante que cualquier otra compañía.
Por otro lado la bailarina encontraba resguardo y paz con el doctor, la agitación que había sentido después del accidente se había desvanecido, se sentía con dirección y propósito.
Fue una tarde de marzo cuando Héctor Romero reapareció en la puerta de la casa de la tía Vivian, Arcadia se había olvidado de él y de su vida anterior, por lo que verlo le causó un gran impacto que supo ocultar, lo que creía sanado y sellado comenzó a agrietarse en su interior, sentía un profundo vacío en el estómago y un tremendo nudo en la garganta que le impedían expresar o gritar cualquier cosa, sus extremidades se sentían pesadas por lo que durante toda la visita se quedó anclada a su lugar, sintiéndose prisionera de su propio cuerpo; Romero estaba de vacaciones y había decidido visitar a la que todavía consideraba su novia, a pesar de que en todo ese tiempo se había olvidado de ella, evitando todo contacto hasta ahora; llegó muy efusivo y cariñoso con ella y cuando la hospitalidad de la tía Vivian le extendió una invitación a un banquete que se llevaría acabo con todas sus amistades, no pudo más que aceptar gustoso.
Arcadia concentró sus fuerzas y energías en preparar todo, pues al ser aprendiz de Hannibal se esperaba mucho de ella.
Todos llegaron puntuales a la recepción, deleitándose con los aromas y la vista del banquete, por su puesto que el Doctor Lecter estaba invitado, había insistido en ayudar a Arcadia con los preparativos pero ésta se había negado, alegando que sería un banquete en su honor y que al ser un invitado de honor, involucrarse en los preparativos sería incorrecto.
Lecter llegó puntual a la cita, se deleitó con los aromas y sonrió con orgullo para sus adentros al haberle enseñado tan bien a Arcadia. Mientras la cena estaba lista charló con algunos presentes, pero no pudo evitar dirigirse a la cocina donde se encontraba la chica, su aroma lo llamaba desde la entrada y no había hecho más que sucumbir a ese anhelo.
Antes de acercarse a ella la observó guardando su imagen en su palacio, llevaba un vestido corto elegante estampado de flores, flores que le recordaban al ramo que le había regalado la primera vez que la conoció, sus negros cabellos enmarcaban su fino e inocente rostro, sus profundos ojos negros brillaban y su caracteristico aroma la envolvía, cuando ella sintió su presencia le sonrió y él sólo se alejó para que pudiera seguir.
Después de los deliciosos aperitivos, en la espera de la primera entrada, los invitados elogiaban a Arcadia y se deshacían en halagos hacia Hannibal al tener una alumna tan digna de él, mientras que el doctor no hacía más que brindar sintiéndose satisfecho, fue entonces que Héctor Romero llegó como torbellino a la mesa, levantando algunos murmullos y calmándolos después con la charla sobre su presencia que ya era muy bien conocida.
El resto de la velada y la cena fue opacada por la presencia y logros de Héctor Romero quien se regodeaba en los halagos y la atención, pronto el mismo Romero trajo a colación la desgraciada fortuna de Arcadia, Hannibal pudo sentir cómo el aroma de Arcadia se amargaba y en sus ojos había una llama que no había visto antes, ella no emitió ningún comentario, permaneció con una actitud serena y una cara estoica.
Poco a poco los invitados se fueron yendo alabando los dotes de Arcadia quien sólo asentía, Hannibal, Vivian, Héctor y Arcadia quedaron al final, tomando una taza de delicioso café, el exnovio de la bailarina no había dejado de hablar de él, y sobre lo que había estado haciendo en la escuela y lo bien que le iba, esperando poder cautivar a Arcadia, Vivian parecía entretenida con la charla, Hannibal se había instalado en su palacio y la chica no hacía más que apretar sus manos ocupándose en cualquier otra cosa y prestando poca atención.
En algún punto se disculpó para salir por aire fresco y mientras la brisa nocturna le enchinaba la piel y le aportaba estabilidad sintió como un brazo la rodeaba.
-Has estado muy callada- susurró Héctor.
-No hay mucho qué decir- respondió secamente la chica apartándose ligeramente de su agarre, Héctor lo sintió como un desdén y no pudo evitar soltar lo siguiente con veneno.
-O es sólo que estás celosa de mi éxito- dijo con una sonrisa cínica.
Arcadia lo miró sin expresión alguna y se preguntó si eso que sentía de verdad eran celos, pero muy pronto se dio cuenta que era otra cosa; Héctor siempre la había irritado y ahora su presencia la descolocaba pues le había traído el pasado que ella había dejado atrás, sin decirle nada le dio la espalda, para entrar de nuevo en la casa.
-Fue un error, no debió pasar- murmuró el muchacho con incoherencia, Arcadia lo volvió a mirar sin expresión y no le dio importancia, entrando a la casa y sentándose al lado de Hannibal.
-¿Todo ha sido de su agrado Doctor Lecter?- dijo con una dulce y suave voz y una ligera sonrisa dedicada sólo al hombre, deseaba saber si le habían complacido sus esfuerzos, el hombre se había convertido en una persona de alta estima para ella, le importaba saber sus opiniones y le importaba mucho saber si ella estaba a la altura de sus expectativas.
Hannibal sonrió mostrando sus colmillos y asintiendo hacia ella, apunto de decir algo, Héctor miraba la interacción un tanto asqueado -¿No es muy tarde para usted, Doctor?- elevó la voz en su dirección, Arcadia lo miró con desagrado -Es muy descortés hablarle así a un invitado de honor, en una fiesta en la que no se es anfitrión- dijo la chica en un tono frío y bastante recriminatorio.
Héctor sólo sonrió tratando de calmar los ánimos.
-Pero mucho me temo, querida que el joven Romero tiene razón, es tarde para mi y no quiero seguir abusando de sus amables atenciones- el Doctor se levantó de su asiento despidiéndose de Vivian, Arcadia parecía decepcionada y un poco triste.
-Permítame acompañarlo doctor- se apresuró a decir la chica tratando de salvar algunos instantes a solas con el doctor, Vivian al ver que Héctor planeaba ir tras ellos, lo jaló para entretenerlo en la plática, Hannibal por otro lado en un acto de cortesía estaba por declinar el ofrecimiento de Arcadia, pero la chica ignoró su caballerosidad, yendo a su lado y sacando del armario el abrigo del doctor y ofreciéndoselo cuidadosamente.
Sonriente lo acompañó hasta la puerta, donde el viento le erizó la piel.
-Deberías volver adentro, es frío aquí afuera- dijo con su estoica voz, la chica negó con la cabeza.
-Estoy feliz de que pudiera acompañarnos, y espero que todo haya estado a la altura, aunque… Me disculpo por las terribles intromisiones- dijo un tanto avergonzada más por los inconvenientes que por su desempeño, del cuál estaba satisfecha y segura, Hannibal era un hombre que imponía, pero extrañamente se sentía cómoda a su lado.
-Escapó de tus manos, querida, no debes disculpar la insolencia de otros- dijo mostrándole brevemente una sonrisa -Ha sido una maravillosa velada y todo ha sido perfecto- dijo él acercándose para darle un beso en la frente, la chica parecía encantada, la tomó desprevenida pero gustosa por verse más cercana a él, sentía un poco de nervios pues había algo más que quería decir, pero aún sin estar segura de dar ese paso.
Hannibal comenzó a acomodar su abrigo para irse y cuando le dio la espalda a Arcadia ésta demoró unos segundos para atreverse a decirle algo más.
-¿Doctor?- murmuró y Hannibal volteó
-En unos días hay una celebración importante para mi, y me gustaría mucho prepararle algo, que espero sea de su agrado… Pero…- Arcadia movía las manos nerviosa, Hannibal estaba expectante, el aroma característico de la chica lo había envuelto y se sentía cómodo.
-¿...pero?- preguntó curioso.
-Pero es algo que sólo te quiero ofrecer a ti- dijo ella deshaciéndose de las formalidades temerosa de que el Doctor lo tomara a mal.
Hannibal la miró sin reacción alguna y sólo asintió para que concluyera su idea, no le molestaba que la chica se tomara esa libertad de hablarle de forma cercana, de hecho se preguntaba cuándo pasaría.
-¿Sería atrevido de mi parte pedirte que las preparaciones y la comida se hicieran en tu casa?, por su puesto que yo me encargaría de todo- dijo firmemente.
Hannibal sonrió, le daba curiosidad lo que ella haría.
-Las puertas de mi casa y mi cocina siempre estarán abiertas para ti- dijo con confianza, Arcadia sonrió brillantemente y no pudo evitar saltar a abrazarlo, lo cuál él tomó de buena gana, pues era una oportunidad para admirar de cerca ese característico aroma.
Arcadia recompuso su estado al abandonar el abrazo -El sábado temprano te visitaré, entonces- dijo ella sonriente
-Hasta el sábado será- dijo él alejándose y dejando a la chica con una mueca de satisfacción en su cara.
Héctor había dejado de prestar atención a la plática de tía Vivian pues estaba atento a la puerta por donde se habían ido Hannibal y Arcadia, cuando la vió entrar no pudo evitar sonreírle a lo que extrañamente ella correspondió.
Arcadia caminó apresuradamente para encontrarse con él y su tía y se sentó al lado de Héctor comportándose cariñosamente con él, lo cual aunque extraño no pudo rechazar.
-Creo que es hora de que Héctor se vaya- dijo Arcadia sin más, distrayendo de la charla a su tía, Héctor parecía extrañado con el repentino comentario, pero la chica le guiño un ojo.
-Debes estar muy cansado por el viaje y todo éste ajetreo, ¿porque no te vas a tu hotel y mañana vienes en la mañana a desayunar, antes de regresar?- dijo Arcadia en un tono dulce y embelesante.ss
-¿No es esa una buena idea, tía?, además creo que tú y yo estamos muy cansadas para seguir sosteniendo una visita- Arcadia dijo juguetona, acariciando discretamente los muslos del chico con un ligero masaje.
Vivian no estaba más que de acuerdo con ella, por lo que le pidió a Héctor que emprendiera con cuidado su camino y que regresara por la mañana y que ambas lo recibirían gustosas y frescas.
Un tanto acorralado Héctor aceptó y Arcadia se ofreció acompañarlo a la salida, de forma presurosa poniéndole el saco, mientras Vivian subía a su cuarto a ponerse más cómoda para descansar.
-¿Traes carro?- preguntó la chica sin darle tiempo a Romero de protestar, él asintió a la pregunta señalando el que se aparcaba frente a la casa.
-Conduce un par de cuadras y espérame, te alcanzaré ahí, me escabulliré después de que Vivian sepa que estoy en mi cuarto dormida, no te vayas a ir sin mi- dijo ella tomándolo de las solapas y plantándole un apasionado beso, un tanto hambriento y necesitado, él no pudo más que caer en el encanto un tanto extrañado por la actitud tan diferente de la chica.
-He tenido que fingir- dijo ella como si leyera en su mente las dudas, sin dejar de besarlo, acariciarlo y colgándose de su cuello.
Héctor extrañaba esa pasión e impetuosidad de la chica por lo que no hizo más que caer más y más en sus encantos.
-No tardo- dijo ella dejándolo sólo en la oscuridad y el frío, mientras ella arreglaba todo para escabullirse más tarde.
Mientras esperaba no dejaba de pensar en lo diferente que estaba ahora Arcadia, y no es que le molestara, mentiría si no dijera que ese viaje lo había hecho exclusivamente para encontrarse de nuevo con ella, estrecharla en sus brazos y poseerla, no había dejado de pensar en ella ni un solo día.
Mientras no dejaba de darle vueltas al asunto, perdido en sus pensamientos ignoró que la oscuridad lo acechaba y que de no ser por el repentino encuentro con Arcadia quien llegaba como bocanada de aire fresco a su auto se habría convertido en presa.
La miró con detenimiento, la deseaba y ahora la tenía para él.
-¿Por qué has venido Héctor?- preguntó sacándolo de sus pensamientos.
-Te he extrañado demasiado- dijo aún embelesado por su presencia.
-Pues no parece, en todo éste tiempo no he recibido una llamada, mensaje o visita tuya, y ahora me has sorprendido, perdóname si he parecido fría pero sólo ha sido fruto de tu desinterés- dijo completamente seria sin saber que Héctor estaba cautivado por sus profundos y brillantes ojos negros que lo invitaban a perderse en ellos.
Y como si estuviera bajo el influjo de un hechizo sólo pudo desenterrar los sentimientos que había estado guardando por mucho tiempo -Ha sido la culpa…- resopló
-¿la culpa, haz dicho?, no lo entiendo- preguntó curiosa.
Héctor negó con la cabeza tratando de callar su boca delatora sin tener éxito -... Lo que te pasó… Yo siento que…- dijo sin terminar pero encontrándose bastante afectado, Arcadia lo miró sin reflejar lo turbada que se sentía al verlo tan débil y tan egocéntrico, no podía creer que hasta de su accidente se hiciera protagonista y el centro de atención.
-No seas tonto, cómo podrías…- Arcadia no pudo terminar su frase pues él la calló con un beso desesperado que la tomó desprevenida pero que correspondió, la oscuridad que ahora los acechaba miraba con curiosidad el encuentro.
-Ven conmigo, vive conmigo, sé mi musa- dijo separándose intempestivamente de ella, mostrando convicción en sus ojos, pero sin dejar de tocarla, ese beso le había dado el indicio y la razón por la que se encontraba ahí, ella; a su llegada creía que se encontraría con una chica abatida, perdida y desolada, eso lo motivaba a ser su héroe, el que la rescataría de esa agonía, pero al encontrarla tan diferente, tan pasional, enfocada y hermosa no pudo evitar desearla con más ganas y quedarsela para él.
Arcadia lo miró incrédula -Tú tienes tu vida y tus cosas, yo sólo sería un estorbo y no quiero serlo- dijo un tanto abatida al verse a sí misma como un estorbo, le asqueaba que le tuviera lástima.
-No lo serías, dí que sí, me sentiría mejor…- dijo él como si con ello, Arcadia se convenciera, ella sólo sonrió.
-No hablemos de eso, mejor- dijo acercándose a él acurrucándose en su pecho, pudo sentir su corazón que corría desbocado, no entendía porqué estaba tan nervioso y agitado, le acarició la babilla y lo besó, para calmarlo, ella tomó su mano y la colocó en su corazón para tratar de igualar los ritmos, el de ella se sentía apacible y tranquilo, como si nada pasara, como si se encontrara en reposo, casi como si no estuviera latiendo.
Héctor lo vio como una oportunidad para perderse en ella, le correspondió con un beso acalorado y apasionado, comenzó a tocarla mientras ella se resistía juguetona tratando de alejarse, sonriendo por compromiso.
-Te he extrañado tanto…- dijo mientras sus manos serprenteaban por los muslos desnudos de ella.
-¿Aquí?- preguntó ella tratando de mantenerlo a raya
-Sí, no importa- dijo él sin dejar de tocarla
-Conozco un sitio- gimió ella mientras le agarraba la inquieta mano para llamar su atención, sus ojos brillaban y él no pudo evitar dejarse dominar, y como si su cuerpo actuara por sí solo, presa de la ansiedad y el delirio encendió el motor y tomó el volante esperando a que ella dirigiera; la oscuridad no los siguió, acallando el impulso curioso.
Un par de horas después Arcadia regresó a casa de tía Vivian, parecía satisfecha y cansada que no le fue difícil conciliar el sueño.
La primera en despertar fue Vivian con la promesa de invitados, Arcadia bajó ya arreglada con una expresión apacible, todo parecía estar listo para recibir a Héctor y tanto Vivian como Arcadia esperaban ansiosas su llegada; Arcadia miró su celular y un tanto decepcionada le comunicó a su tía que Héctor no llegaría, al parecer se había ido antes a la ciudad por algunos pendientes y que en cualquier otro momento de descanso pasaría sin falta a visitarlas, se disculpaba por lo abrupto pero no había otra forma.
-Hombres, siempre rompen sus promesas- murmuró mirando a su sobrina.
-Pero no te decepciones querida, tal vez es mejor que se aleje, después de todo nunca ha sido de mi entero agrado- Arcadia sólo asintió.
Los siguientes días fueron de preparación para la chica, ansiaba llegara el sábado, no dejaba de repasar una y otra vez los pasos e ingredientes que debía tener para el festín que le había prometido al doctor.
Muy temprano el sábado arregló todo para dirigirse a la casa de Lecter, Vivian por su parte le había dejado sola, un tanto a regañadientes pues ese fin había quedado con unas amistades, para pasarlo con ellas.
Lecter la recibió en su casa, no había expresión alguna que denotara alguna emoción en su rostro, Arcadia por su parte le sonreía brillantemente, lo saludó con afecto y de inmediato se instaló en su cocina, había llegado hasta ahí en el auto de la tía Vivian.
Emocionada le había comunicado al doctor la hora exacta en la que se llevaría a cabo el festín.
-Pero cuál es la celebración, querida- se atrevió a preguntar
-Es una sorpresa doctor, lo sabrás cuando empecemos- dijo ella esperando a que la dejara sola y poder empezar todo.
Lecter la dejó y aunque al principio se había arrepentido de aceptar que el festín se llevara a cabo, no pudo evitar caer en el encanto de ese aroma ancestral; se fue a su biblioteca a leer, escribir, dibujar y repasar sus partituras mientras todo estaba listo, acercándose la hora decidió acicalarse apropiadamente para el evento.
Justo a la hora en que Arcadia le dijo que todo estaría listo fue justo la hora en que llegó al comedor, primero deleitándose con el aroma de algo delicioso pero que no podía descifrar y con ese característico y misterioso aroma que tanto le había cautivado, el comedor estaba elegantemente arreglado, las flores denotaban cómo se dejaba atrás el invierno dando paso a la primavera, se sorprendió con gusto.
Y justo en ese momento vió entrar a Arcadia con un vestido largo blanco y fresco, con el rostro enmarcado por sus negros cabellos que eran coronados con dalias naranjas, ella le sonrió dándole la bienvenida, Hannibal sólo asintió deleitándose con los aromas y la vista.
-Doctor, sé que eres un hombre de costumbres y la etiqueta dice que para un festín son importantes los tiempos, pero el platillo principal que voy a presentar es muy importante, es tradicional de donde vengo, es el principal en las celebraciones- Hannibal la escuchaba atento mientras ella le ofrecía un asiento en el comedor y cumplía con la etiqueta.
-Pero he hecho una excepción por ti, y he preparado unos pequeños aperitivos y postre ligero y espero que sea de tu agrado- dijo ella sonriéndole como nunca lo había hecho, Ambos se sentaron a los extremos, aunque no tan alejados uno del otro.
Y justo como había prometido los aperitivos eran pequeños y frescos, en su mayoría hechos por frutos, queso y aderezos picantes los cuáles fueron interesantes probar, pues Hannibal nunca había experimentando esas combinaciones.
-No me has dicho qué celebramos- dijo a tiempo que olía el vino y tomaba un pequeño sorbo
-¿No lo sabes?- contestó ella mientras él negaba con la cabeza -Bueno no importa, pronto lo sabrás- Hannibal sentía curiosidad por el misterio, pero estaba de acuerdo en que todo llevaba un tiempo y forma, por lo que dejó el tema por la paz.
Cerca de presentar el plato principal, Hannibal decidió que al menos podría saciar su curiosidad con una pregunta que le había rondado en la mente desde que conoció a Arcadia.
-Arcadia- dijo sacando de sus pensamientos a la chica
-¿Puedo saber una cosa?- preguntó cauteloso
-Por su puesto- dijo ella expectante
-Siempre me ha llamado la atención tu aroma, me jacto de tener un buen olfato, pero no he logrado resolver cuál es tu perfume- dijo dando otro sorbo a su vino.
Arcadia se ruborizó por unos instantes y aspiró discretamente su aroma.
-Lo has notado- dijo casi orgullosa y emocionada.
-Sólo es una mezcla de copal, cempasúchil, chile y cedro- dijo mientras se acercaba a él para recoger su plato y pasar al platillo principal dejando con un poco de descaro inconsciente que Hannibal se deleitara con su aroma.
Sin que Hannibal se diera cuenta frente a él ya estaba servido un ostentoso plato, era un caldo que se veía un poco como la sangre oscurecida por la luz de la luna, delante tenía varios acompañamientos, ciertas especias muy finamente picadas, la combinación de todos esos aromas eran deliciosos para él le abrían el apetito, esperó a que Arcadia tomara asiento.
-Es Pozole- dijo Arcadia, hasta entonces Hannibal se dio cuenta que el comedor sólo estaba iluminado por el resplandor de un centro de mesa muy elegante hecho por velas y flores, esa tenue iluminación dotaba de misterio y belleza a la chica.
-Se acostumbra comerlo en las celebraciones- dijo con una voz ceremoniosa.
-Es un caldo hecho a base de granos de maíz, una mezcla de ricos y aromáticos chiles y carne- dijo ella, mientras se levantaba de nuevo para prepararle ella misma el plato tal como debía comerse un buen pozole.
-¿Qué clase de carne es?- preguntó curioso ya ansioso de comer
-cerdo… Uno muy petulante, por cierto- dijo mientras sonreía por una broma que sólo ella podía entender.
-Primero hay que poner oregano- dijo tomando un poco entre sus manos y moliéndolo con las mismas dejando que su aroma envolviera a Hannibal, éste no dijo nada más pues parecía hipnotizado por los movimientos de la chica.
-Y luego, estos acompañamientos, cebolla, lechuga y rábano- dijo ella mientras colocaba cuidadosamente todos ellos, sin apartar la mirada del doctor, cuando terminó volvió a su asiento y preparó su platillo.
Hannibal ansiaba dar el primer bocado pero justo cuando se disponía a hacerlo, Arcadia comenzó a hablar mientras preparaba su comida, por lo que decidió centrar su atención en ella.
-Creo que nunca te lo comenté, pero muchos meses después del accidente, cuando creía que podía seguir adelante, después de la terapia y tu ayuda, comencé a tener sueños sobre el accidente, al principio pensé que era porque no estaba lista para dejar todo atrás, pero cada sueño se presentaba más vívido y detallado que el anterior, fragmentos del hecho que creía había olvidado y sepultado se comenzaron a presentar, primero la ropa que llevaba, luego la forma en la que la ligera brizna caía, luego cosas más específicas, la forma exacta en la que caí después del golpe, y la primera reacción de mi cuerpo al sentir el choque; era extraño verlo todo desde afuera y aún así volverlo a sentir en carne propia, y entonces supe que no eran sueños, eran recuerdos, estaba desbloqueando la vivencia para saber con detalle lo que había pasado, y entonces lo vi, vi su rostro- Hannibal no había dicho ni una sola palabra atento a todos sus movimientos, esperaba encontrar una reacción en ella ante lo que le contaba, pero era como ver a alguien contando la cotidianeidad de su día, no tuvo qué preguntar a qué rostro se refería pues lo sabía con seguridad.
-Primero dudé de mis propios recuerdos, rechacé esa idea y dejé todo atrás como si no importara, porque después de todo no importaba, no es como que pudiera regresar el tiempo y hacer que la taza que se había roto regresara a su forma, pero la duda ahí estaba, hasta que pude comprobar por mi misma y no en sueños que no estaba equivocada- dijo sonriendo en la última parte.
-Pero qué descortés soy, no te he dejado comer, come doctor, es mejor hacerlo antes de que se enfríe, espero sea de tu agrado- dijo mientras ella daba un sorbo a su cuchara.
Hannibal la siguió y degustó con cuidado el platillo, al principio era picante, pero delicioso, la mezcla de todos los sabores del plato hacían a su paladar bailar, jamás había probado algo así, nunca se había dado la oportunidad de explorar la comida mexicana, cuando decidió acompañar el caldo con un trozo de carne sintió un peculiar sabor, volvió a probar con cuidado para tratar de identificar esa familiaridad.
-¿Es bueno?- preguntó la chica expectante, Hannibal sólo logró asentir con la cabeza, perdido un poco en sus propias elucubraciones.
Arcadia sonrió satisfecha -Su origen es prehispánico, un alimento popular entre los aztecas, tras los sacrificios rituales en los que el corazón era ofrecido a los dioses, el resto del cuerpo era cocido junto al maíz y era repartido entre los presentes y sacerdotes, como un acto de comunión- Hannibal no había oído de tal costumbre por lo que se deleitó con lo que Arcadia le contaba, y entonces todo tuvo sentido, las piezas comenzaron a embonar, sabía de dónde provenía la familiaridad, el cerdo petulante, él mismo había cocinado muchos, por muy extraño que pareciera en su interior sintió orgullo por su alumna, y aunque sólo una vez había compartido abiertamente su método de obtención de carne con ella y sólo porque fue descubierto, sintió que en ella un igual; pero no estaba del todo satisfecho, quería deleitarse más con el nombre, extrañamente quería que ella fuera abierta y explícita, tal como él lo había sido cuando ella lo descubrió.
-¿Y dime querida, tu novio ha vuelto al instituto?- murmuró el Doctor sin dejar de comer y no siendo tan sútil al apretar sus botones.
La pregunta tomó desprevenida a Arcadia, quien se removió en su asiento, para después sonreír -Héctor Romero no es mi novio, ha vuelto a donde merece estar y no va a regresar- dijo confiada mientras bebía de su copa y observaba con detenimiento al Doctor, quien parecía sonreír complacido.
-Antes me ha preguntado qué celebramos- Hannibal asintió
-El Tlacaxipehualiztli, en honor a mi señor desollado Xipetotec- Hannibal no perdió pista de las palabras que usaba Arcadia para explicar, mientras más le revelaba más fascinante era.
Todo estaba dicho, entendido y aunque Hannibal todavía tenía dudas sabía que se liquidarían después, se concentró en terminar su platillo, cuando ambos terminaron, Arcadia esperó unos minutos para seguir con el postre.
Hannibal no había dicho mucho pero Arcadia estaba complacida con las nuevas reacciones que el doctor le había regalado.
Hannibal ya veía todo como un ritual, ceremonioso por lo que se mantenía impasible hacia todo lo que Arcadia le ofrecía.
Cuando la vio de nuevo, frente a él ya estaba un plato con un elegante postre que parecía un helado sobre un espejo de una salsa de frutos muy rojos, adornado con un crocante elegante de lo que parecía ser caramelo, el vibrante color llamaba su atención y no pudo evitar notar que el postre tenía un aroma como el de Arcadia.
Ésta vez la chica se quedó a su lado para juntos degustar el postre.
-Es helado de guayaba, con una salsa de chocolate, chiles y sangre del cerdo, adornado con un dulce crocante que espero disfrute- dijo ella mientras lo miraba dar el primer bocado, sin duda fue toda una experiencia para Hannibal, los sabores se conjuntaban muy bien en su paladar, ni los más dulces manjares franceses que cocinaba se podían comparar con la dulzura y elegancia del postre que Arcadia le ofrecía, no pudo evitar cerrar los ojos para evocar algunos recuerdos de su niñez donde los rayos del sol bañaban y calentaban su rostro para después comer una golosina y perseguir a su hermana Mischa.
-Fue Xipetotec quien se despellejó vivo para darle de comer por primera vez a los hombres- la dulce y melodiosa voz de la chica parecía música a oídos de Lecter, quien después de unos minutos decidió abrir los ojos y mostrar sus respetos y halagos a la chica.
-¿Qué te ha parecido?, preguntó con inocencia- Hannibal estaba orgulloso, feliz y halagado, no había palabras para describirlo.
-Sé que has encontrado una nota peculiar en el crocante, doctor, ¿has descubierto qué es?- preguntó un poco nerviosa.
Hannibal tomó un pequeño trozo y lo acercó a la luz para mirarlo con detenimiento, por su puesto que el crocante le recordaba por completo a ella, el doctor parecía perdido en sus cavilaciones, cuando por el rabilo del ojo se percató de que la chica había comenzado a descubrirse las piernas, poco a poco con delicadeza y elegancia subía su fino vestido, Hannibal no pudo dejar pasar la visión sin detenerla miró la bronceada piel de la chica y cada una de las cicatrices que habían comenzado a ser unas con ella en su piel, hasta que llegó a sus muslos, sólo para descubrir un pulcro vendaje en una de sus piernas que ella comenzó a retirar, de pronto se descubrió viendo carne al rojo vivo.
-Ésta ha sido mi ofrenda, por que la primavera se acerca y hay que despojarse de lo viejo, mi antiguo camino ha quedado en el pasado y ahora estoy lista para cambiar de piel, tal como mi señor desollado, Xipetotec me ha enseñado- dijo tomando ceremoniosamente con su frío tacto la mejilla del doctor quien ahora la miraba hipnotizado, envolviéndose por completo en el fuego del aquel aroma que ahora tenía memoria.
NOTAS FINALES: Yo describiría éste escrito como Hannibal conoce Como Agua para Chocolate XD ayer comí pozole por una celebración y sentí necesario subirlo ya y justo ayer terminé de leer Como Agua para Chocolate, así que era el momento; para releerlo puedo recomendar acompañar la lectura escuchando el OST de The Fountain. ;) ¿qué te parece?


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