IJIYOTEOTL
Siempre le había parecido más intrigante la idea de morir que el futuro mismo, quizá porque desde niña tuvo muchas experiencias cercanas a la muerte, porque siempre había sido muy enfermiza y había escuchado en varias ocasiones la mítica frase “ya casi no la cuenta”, con el tiempo sintió que ya no quería contarla sólo para saber cómo era.
Se pensaba a sí misma como un alma vieja porque aún en sus poquitantos años se sentía cansada como si por eones hubiera caminado por las sinuosas montañas de la existencia, aunque se sentía por completo ajena a muchas experiencias.
Además de que nunca había sentido ese fulgor del que tanto se hablaba en la flor de su vida. Y no es que fuera lúgubre o pesimista, pero su atención siempre se dirigía más al final y no al proceso.
De niña su interés en las culturas sólo se centraba en cómo se preparaban para la muerte; después de todo si era a donde le interesaba llegar, lo prudente era saber sobre los rituales adecuados y qué venía después, porque ese era el interés inmediato, tenía que saber del más allá, suponía que algo de especial habría de tener, pues todos huían de ello, y en su experiencia lo temido casi siempre era más excitante.
Sabía que no quería prepararse para la eternidad como los egipcios proponían, aunque si lo pensaba un poco ese privilegio no era propiamente para ella, si no para alguien importante, de cualquier forma no estaba interesada, eso de sacar sus órganos y colocarlos en vasijas no parecía adecuado, presentarse ante Anubis, llamaba su atención pero no lo suficiente como para seguir esos rituales. Tampoco le simpatizaba mucho ser una simple sombra errante en las lúgubres tinieblas de los infiernos, donde la “vida” parecía ser un reflejo de la vida terrestre, ¿para qué querría ella replicar lo mismo?, definitivamente no le agradaba la concepción de los sumerios. Por su puesto que no quería que un Shinigami decidiera si vivía o moría, tampoco es que estuviera interesada en acelerar el proceso, no estaba triste y no tenía la necesidad de querer morir; sencillamente se sentía muy atraída al tema, por supuesto que quería llegar ahí y experimentarlo, a su debido tiempo, tenía una vida de preparación, aunque no sabía cuánto era eso, por ello trataba de estar siempre desapegada de todo.
Al final no sabía qué le iba a tocar, si un paraíso que ella creara y creyera o dependía del Dios a cargo de su jurisdicción. En todo caso había estudiado el Mictlan y sus 4 largos años de pruebas que le ponían a su tonalli para llegar al descanso, eso sonaba bien para ella, le agradaba la idea, parecía una aventura después de la vida, aunado a que tenía la mejor y mayor celebración para los muertos; dos días en los que la mezcla de copal, pan de muerto e incienso se conjugaban en el aire, el amarillo y rojo de las flores adornaban el otoño avivando las llamas de las velas que servían de guía para las almas, la comida de las ofrendas parecía estar más deliciosa y antojable que nunca, como pintura de bodegón bañada por la tenue luz del resplandor ajeno a la modernidad; pensaba que todo ello era mejor que un cumpleaños o navidad.
En su adolescencia y adultez la enfermedad no la abandonó, caminaba a cuestas con ella; desde los más simples y ligeros achaques hasta los males que requerían intervención quirúrgica o remedios más fuertes que un té de manzanilla. La vorágine de la cotidianeidad no impidió que siguiera pensando en el anhelado final, de hecho la asfixia que le provocaba el peso de las responsabilidades y diversas crisis le hacían fantasear sobre la aventura de la otra parte de la vida, porque ésta no parecía tan divertida.
La tos comenzó una tarde en el ocaso del verano, al principio pensó que se debía alguna alergia, lo dejaría pasar hasta que algunos días después la tos se convertiría en un incontrolable episodio, mismo que dejó pasar hasta que un episodio se convirtió en 2 y luego en 3 y luego en 5 episodios por día, lo lógico hubiera sido acudir al médico, pero harta de ellos, su falta de tacto y sus términos incomprensibles, decidió que podía vivir con el síntoma sin saber la razón, al final por años había caminado a ciegas en muchos aspectos; hasta que uno de esos días, los episodios se convirtieron en ataques incontrolables de tos que eran acompañados por un dolor extraño en el pecho.
De pronto sentía como si sus pulmones estuvieran furiosos y en llamas, se vio sorprendida al expulsar cálidos pétalos de color naranja brillante, no lo creía posible, empezaba a considerar que la enfermedad había llegado a sus sueños, hasta que los tocó, los pudo sentir y los pudo oler, supo que no estaba en el plano onírico; a cada intento de jalar aire una violenta ráfaga de tos le quitaba el poco aliento y decenas de pétalos naranjas le cubrían las manos y los pañuelos.
Más allá de asustarse le pareció curioso que una enfermedad se presentara de un forma tan hermosa, luego un golpe de lógica le dijo que algo estaba realmente mal, pero intuía que su “mal” no era algo del conocimiento de un doctor, no quería ser abierta e inspeccionada bajo lupa, no cuando toda su vida lo había sido, decidió que si investigaba lo suficiente algún cuidado casero lo remediaría, después de todo ¿Cómo algo tan hermoso podría ser tan malo?.
La tradición oral de sus abuelas curanderas y los recetarios de su madre no le ofrecieron las respuestas ni la medicina que buscaba, trató con lo básico, pero sólo se llenaba de pétalos, su casa se había impregnado del aroma dulzón y místico, el cuál no le desagradaba, no le parecía vergonzosa su situación, sólo que no sabía cómo explicarla por lo que decidió no salir hasta encontrar una cura y tampoco es que fuera un alma social, si la gente se preguntaba cosas, ella también lo hacía, así que no había respuesta para ninguno.
La investigación no rendía frutos, pero la tos había convertido los pequeños y sencillos pétalos naranjas en frondosas flores esponjosas hechas de miles de ellos, le parecía haberlas visto antes, pero estaba tan ofuscada y mareada que no lograba recordar dónde, el ambiente que antes le había parecido tranquilo y seguro le empalagaba ahora, el aire le vendría bien a la cabeza y a los pulmones que aún se sentían en llamas, se atrevió a salir sin importarle miradas y sin importarle ocultar su afección.
Cuando se quedó sin aliento por el esfuerzo de caminar y toser, dejando un camino de flores, se dejó caer rendida en una banca en donde las flores se le acumulaban a cada ataque de tos.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una anciana se le acercó -Qué hermosas están sus cempasúchiles, ¿a cómo las da?- ella la miró con extrañeza, la anciana sólo alzó una de las flores y se la mostró.
-¡Es cierto!, eso son- exclamó con algo de alivio
-¿Cómo no vas a saber qué vendes, criatura?- le reprochó la anciana
-No las vendo, aunque sí debería sacar provecho de esto- dijo más para sí misma
-Si no las vendes, ¿por qué tienes tantas?- preguntó curiosa pero no extrañada.
-Porque las expulso cuando toso, ni siquiera recordaba qué eran hasta ahora, pero dudo que eso me diga algo ahora-. Murmuró, más como una nota para sus problemas que para la extraña, y dejó ver las consecuencias de un ataque de tos para exponer su punto. La anciana la vio con sorpresa pero no se alejó -Uy criatura, entonces tienes el yolotsin xochimiki, la enfermedad del corazón ahogado en flor, mi tátara abuela me contó sobre ello pero nunca lo experimenté- dijo sonriendo un poco.
Por primera vez vio con cuidado a la anciana que se había sentado a su lado a admirar la alfombra de flores que cubrían sus pies. -¿Y a qué se debe esto?- dijo señalándose el pecho, ansiosa de una respuesta con las mejillas enrojecidas por el esfuerzo y con el corazón palpitándole en las orejas.
-Regurgitas flores por el amor no correspondido- sentenció la anciana con un dejo de compasión en sus ojos. No parecía hacerle sentido, de todas las razones esa era la más ajena a ella, insistió en saber si otra era la causa pero la anciana fue contundente, el mal sólo podía ser removido con cirugía llevándose sus sentimientos sin posibilidad de recuperarlos o que sus afectos fueran correspondidos, no había de otra. Parecía tranquila ante las soluciones, y antes de la sentencia escondida ya lo había aceptado, toda su vida lo había querido, sin querer parecer loca y asustar a la anciana le dijo que lo resolvería que no había de qué preocuparse, como pudo la dejó sentada en una cobija de cempasúchiles, y a su regreso a casa la acompañó un solitario perro, había decidido que sería su última compañía viviente, no habría despedidas, ni arreglos, sólo esperaría dormida su anhelante sueño, todo cuanto investigó, conoció y estudió había sido olvidado y remplazado sólo por la ansiedad que emergía de sus entrañas.
Con trabajos alcanzó el sueño profundo; al ver un sendero iluminado por velas supo de inmediato que se encontraba ante su destino, aún se sentía extraña y tosía, sólo que ya no dolía, su camino se alfombraba con cempasúchiles, sin saber quién o qué la llamaba siguió la voz que le susurraba. La desesperación y la decepción burbujeaban en su interior amenazando con correr en lágrimas, no entendía porque aún arrastraba los males y las emociones de su existencia pasada, pensaba que lo terreno había quedado atrás.
-No lo entiendes aún, criatura- se sorprendió al ver a la anciana de antes. -¿También moriste?- preguntó aliviada por lo conocido.
-Soy yo tu amor no correspondido- dijo quitándose el rebozo de las canas, como si con ello revelara su identidad. -No logro entender- le respondió aún más confusa.
-Me has anhelado siempre, desde que eras una niña, me has investigado y te has obsesionado conmigo me amas más que a la vida, y yo te he observado desde entonces, en tus breves visitas, pero no está en mi corresponderte, no puedes tenerme porque no soy hogar de nadie sólo lugar por donde pasan todos, llegarás a mí pero no como tú quieres- la voz que ya no era de una anciana sino un eco en su cabeza era solemne, creía que los sueños no tenían olor pero claramente podía sentirse envuelta en un aura de copal y leña. Vio como una huesuda mano emergía de las sombras y atravesaba su pecho hasta llegar a sus entrañas, sentía presión, pero no estaba asustada, el movimiento de la mano fue ligero y en instantes pudo ver cómo de su corazón era extraída una frondosa planta de cempasúchil, con muchos botones sin florear y con otras tantas flores esponjosas, de las raíces pudo ver algunas gotas de sangre, sin pensar aspiró profundamente como si por primera vez respirara. El 2 de noviembre, día de muertos, fue el día de su no muerte.
NOTAS: El padecimiento que se usa en el relato, está basado en La enfermedad de Hanahaki, una condición ficticia abordado en el fanfiction, fue popularizado con el manga japonés el cual su género era tipo shoujo, (Hanahaki Otome), o la muchacha que escupen las flores por Naoko Matsuda, que fue lanzado en 2009. Yolotsin xochimiki sería mi traducción al náhuatl de “corazoncito ahogado por flor”. Ijiyoteotl se traduce como aliento de vida.


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